A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina.
A los 8, aprendí que mi papá podía decir un montón de palabras que yo no podía.
A los 9, aprendí que mi señorita sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.
A los 10, aprendí que era posible estar enamorada de cuatro chicos al mismo tiempo.
A los 11, aprendí que mis mejores amigos eran los que siempre me metían en quilombos.
A los 12, aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los tenía más grandes todavía en casa.
A los 13, aprendí que, cuando algo ami me gustaba, mi mamá me lo hacía cambiar.
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