
Si preguntaba porqué tardaba tanto en llegar, me respondía que era por motivos del trabajo. Nuestra vida de pareja era nula, ya no venía a casa todos los días, ya no llamaba, y si le preguntaba me decía “Ah, enseguida te llamo”, o “esta noche te veo…”, y yo allí quedaba, esperando hora tras hora que llamara, pero nunca llegaba esa bendita llamada. Lloraba, me destrocé la vida pensando que algo estaba yo haciendo mal, pues de pronto a aquel perfecto hombre ya no lo veía…
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