
Era aquella mi suerte pérdida al otro lado y con el aguacero sobre mis hombros, cuando todo estaba mal, cuando el día se tornaba gris a negro. Me abrazaste, me gritaste un vuelve, me besaste entregándome calor al cuerpo impávido en el cual yacía.
Pero llegaste tarde amor, estaba lejos. Y mis resoluciones no fueron presurosas, fueron consecuencia.
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