voces, solo voces, como ecos; como atroces chistes sin gracia, hace mucho tiempo escucho voces y ni una palabra, y mis ojos maltratados se refugian en la nada y se cansan de ver un monton de caras y ni una mirada. Una nueva noche fría en el barrio, los tranzas se llenan los bolsillos. las calles son nuestras, aunque el tiempo diga lo contrario y los sueños no soñados, ya se amargan la garganta y se callan. y eso, casi siempre o siempre, les encanta. van quedando pocas sonrisas, prisioneros de esta cárcel de tiza. Se apagó el sentido, se encendió un silencio de misa.
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